
LA BELLA DURMIENTE
"LA BELLA DURMIENTE", símbolo natural de Tingo María y que la leyenda la
identifica como la princesa NUNASH, transmitida de generación en generación;
la leyenda se refiere también a un joven llamado CUYNAC que atravesando la
selva de los Huánucos, se enamoró de la princesa Nunash, los dos llegaron a
amarse y Cuynac levantó un palacete en un lugar cercano a Pachas que le puso
el nombre de Cuynash en honor de su amada. Vivieron un tiempo felices,
rodeados de vasallos, pero su felicidad quedó truncada cuando fueron
atacados por el padre de la princesa: Amaru, convertido en un monstruo en
forma de culebra. Cuynac se valió de su hechicería y convirtió en mariposa a
Cuynash y él se transformó en piedra. Ella en su nuevo estado, voló hacia la
selva y retornó con ayuda para combatir al mounstro Amaru.
Los enemigos fueron vencidos, Cuynac, entonces trató de recuperar su forma
humana sin conseguirlo, pero ella si pudo retornar a su forma humana y buscó
inútilmente a Cuynac. Cansada se sentó cerca de la piedra en que Cuynac
quedó convertido y ella se quedó dormida.
Mientras dormía, escuchó en sus sueños la voz de su amado que decía:
"Amada no me busques, mi voluntad fue pedir a los dioses que me convirtiera
en piedra y mi pedido fue complacido y ahora soy sólo una piedra, destinada
a permanecer en este estado para toda la vida. Si tú en realidad me has
querido y me sigues queriendo todavía; deseo que permanezcas a mi lado toda
la vida sobre este cerro y que en las noches de luna aparezca ante la mirada
de la gente como la mujer en actitud de estar durmiendo".
Nunash siempre en sueños, aceptó la propuesta de su amado y quedó convertida
en piedra, lo que hoy es la figura de la "Bella Durmiente".
EL CHULLACHAQUI (Espíritu de los Pies Desiguales)
Por: Jorge Namuche Adrianzén
La selva peruana con su exuberante vegetación, encierra un
sinnúmero de misterios y peligros en la profundidad de los bosques. Para los
habitantes de este ¡menso manto de verdor no hay secretos ocultos. En este
mundo además de gran variedad de animales pasivos y salvajes, existen
también mitos y leyendas de seres mitológicos y fatídicos como EL TUNCHE Y
EL CHULLACHAQUI, llamado también espíritu de los pies desiguales.
Según los habitantes de la selva, el chullachaqui, siempre adopta la figura
o la forma de una persona amiga conocida del pueblo, para engañar a la que
va a ser su víctima y hacerle perder en la espesura de la enmarañada selva.
Muchos pobladores aseguran que en muchas oportunidades han visto las huellas
o pisadas desiguales del que dicen Chullachaqui, impresos en el barro, otros
dicen que es un demonio que cuida la selva para que no penetren en ella.
Cuentan así mismo los pobladores, que en Aymayarí, un bello pueblo enclavado
en la selva del Departamento de San Martín a un Km. aproximadamente de la
población, se encuentra la guarida o casa de los Chullachaquis. Relatan que
un día a horas de la tarde un vecino del lugar llamado Juan Nicolás, después
de haber bebido una gran cantidad de masato (licor a base del fermento de la
yuca), decidió ir a al chacra para ayudar a su padre quien se encontraba
realizando las labores agrícolas.
Al pasar por el referido lugar, improvisadamente se le presentó una persona
igualita a su padre y sin dejarlo avanzar le dijo; "He venido a esperarle,
sígueme vamos a la chacra". Juan Nicolás un poco sorprendido obedeció sin
decir una sola palabra siguió caminando junto con su inesperado acompañante
por un camino bastante ancho pero a medida que iban avanzando el camino se
hacia cada vez más angosto. En ese trayecto sorpresivamente se detuvo y le
dijo: "Hasta aquí te he acompañado, tu te quedas y yo me voy, y desapareció
del lugar, riendo burlonamente.
Recién Juan Nicolás se dio cuenta que se encontraba perdido en un enorme
bosque y por más que busco el camino para regresar a su casa no lo encontró.
Desesperado ando por el monte llamando con voz en cuello a alguien que
pudiera encontrarse cerca para que lo saque del lugar pero nadie respondió.
Al darse cuenta los familiares que Juan Nicolás no se encontraba ni en su
casa ni en la chacra, de inmediato salieron a buscarlo, logrando localizarlo
después de cuatro días de intenso trajín. Pero Juan Nicolás había perdido la
razón. Ya en su casa comenzaron a curarlo pero no conseguían volverlo a su
estado normal. En vista de que no recobraba el conocimiento decidieron
llevarlo a un curandero para que lo tratara. El curandero les pidió que
llamaran al sacristán y al cantor de la iglesia y conjuntamente con los
familiares del enfermo caminaron hasta el sitio en donde habían encontrado a
Juan Nicolás. Al llegar al lugar prendieron las velas que habían llevado y
comenzaron en voz alta a llamar al alma de Juan Nicolás. A continuación
emprendieron el camino de regreso haciendo sonar la campanilla, cantando y
sin mirar hacia atrás, cuando llegaron encontraron que Juan Nicolás se
encontraba profundamente dormido y entonces comenzaron a llamarlo
diciéndole: "Juan Nicolás, Juan Nicolás..." y después de un largo suspiro
Juan Nicolás despertó ya completamente sano y salvo del hechizo del
CHULLACHAQUI.
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